Esperanza

Pienso en mí de forma compasiva,

y me cuido
y hablo para pedir lo que necesito y soltar los nudos,
y callo para que lo que sobra no se adueñe de mis palabras,
de mí, de todos y de todo cuanto me rodea.

Sólo entonces escucho mi sentir y lo abrazo,
lo abrazo como si nunca nadie lo hubiese abrazado antes,
y lo honro.

Y me doy tiempo y espacio, y duermo antes,
como mejor y controlo el sobrepensamiento,
y parece que esta ansiedad y que esta angustia
que me hacen sentirme siempre alerta e incompleta, aminoran.
Y parece entonces que quizá lo que soy está bien
y es justa y exactamente lo que tiene que ser.
Y que todo fue exactamente como tuvo que haber sido.

Pero en el fondo quién gestiona,
y cómo,
una herida profunda que no sangra pero ahoga y se enfría
y se ancha,
y con cada anchura nueva abre un hueco hondo
y desgarra
y arde
y vacía

Quién le explica a mi alma que vaciarse hará que encuentre el sentido.

Quién le dirá a mi cuerpo que todo pasó,
a mi boca
que tiene derecho a comer,
que merece un buen bocado
porque tenemos derecho a la vida.

Quién le dirá a mi miedo que no se hinche porque no existe ya peligro.

Y a mi corazón quién le explicará
que aquello que más amó
ya no existirá
mas que en el recuerdo.
Quién le dirá que existe el ahora
y que la vida siempre sorprende,
y que el amor no termina.

Quién…
si mi boca no toma bocado
sin hambre no hay vida,
con culpa no hay fuerzas,
y sin fuerzas no hay sorpresa posible…

Lo haré yo.
Lo hará el amor en mi pecho,
lo hará la niña que antes de ser herida es niña,
y juega, y se sorprende,
y crea nuevas posibilidades
donde seguir jugando a salvo.

Lo haré yo,
alquimista de mí misma,
cuando termine,
una vez más,
de quemar los restos de mi antigua yo,
y los llore y los lamente,
y agradezca a la vida por haberme permitido transformar mi fuego interno,
mi ira reprimida, en fogata en la que evaporar lo denso,
en calor de hogar en el que habitar y esperar el nuevo comienzo.

Lo haré yo,
enfermera de mí misma,
con mi tirita de verdad
cosiendo el daño,
con la santa paciencia de esperar
que poco a poco todo mejore,
y de integrar todo lo que ésta cama en la que me postré
y de la que ahora me levanto
me ha enseñado a apreciar.

Lo haré yo con mis virtudes,
con todo lo que todavía no conozco de mí
ni conozco del mundo.

Lo haré con ayuda.
Lo haré mirando a los ojos que aman sin condiciones,
que esperan y ofrecen,
lo haré mirando sus ojos
porque sus ojos son espejos,
porque sus bocas rebosan apoyo,
y sus errores ganas.

Lo haré con miedo
a veces con dudas,
pero lo haré.