Algo de ligereza viste mis días y mi vida con pequeña novedad cada mañana,
con el cambio que se cuela en la noche, y en el corazón y en las manos.
Con el pulso que me mueve distinto los pasos.
Algo de nube que desvanece su densidad,
algo de sol que irradia y que se esconde y que vuelve y que está cada día mucho antes que nosotros.
Algo del suelo que ha sentido la pasión y los delirios de muchos nosotros.
Algo tengo de arena que tus pies sostiene, y de polvo que eleva.
Algo tengo de lo oscuro que me enseña el camino
hacia la luz
cuando acaba el brillo.
Algo tengo de la nada que me cose al mundo y me funde y me hace uno.
Algo de todo eso que respira.
Algo de grieta que alberga el pasado y alienta el futuro.
Algo de densa hondura y de frescura.
Algo de duda, de rama de un árbol que el viento azota.
Algo tengo de flor, y de tronco y de hoja, y de raíz. Y de agua que corre, y de monte que crece en busca del horizonte.
Algo del paisaje más basto, y del más pequeño matiz.
Algo de ti.
Algo del pesar de las pérdidas y del asombro de los encuentros.
Del regalo de la vida, del pequeño momento en el gran tiempo que no se agota.
Algo de primavera en mi ilusión, algo de otoño en mi soltar y de invierno en mi duelo.
Y del verano en mi piel clavado. En mi risa un muelle y en mi llanto un consejo sabio.
¿Qué soy yo? Si no algo que tengo y que no es mío; qué soy si no mi vuelo, que es mío pero no lo tengo, porque es libre y tiene alas y las bate por sorpresa, y las libera y me libera y me hace libre y me hace pájaro y vuelo.
