Una gota en plena caída no sabe a dónde va.
Podría desaparecer, y si tuviera opción, quizá resistiera la caída.
Pero lo cierto es que caerá.
Y caiga donde caiga; sea más largo, más corto, más sencillo o más complejo su camino, la caída será únicamente el comienzo, y el océano su fin.
Sin perder en ningún momento su esencia, pero siendo muy diferente a la gota que fue, llegará a él para volver a transformarse.
¿Imaginas la cantidad de cosas de las que puede formar parte una gota, una vez cae a la tierra?
Puede crear vida en múltiples formas, y en todas ellas mostrar lo mismo; su esencia. Eterna y cíclica fuente de crecimiento. Vida.
Una gota que cae a la tierra puede hacer nacer una planta, o dar esperanza a un humano. Puede regar nuevos cultivos. Puede ser parte de un caos que destruya un terreno y lo prepare para un nuevo ciclo.
Puede hacer tantas cosas… y todas ellas serán parte de un hacer más amplio, más profundo. De un ciclo natural de morir y renacer que hace posible la existencia.
