Hay lugares en el mundo donde nunca pasa nada…
donde todo lo que pase es sabido por todos.
Así era el hogar de un sabio japonés a quien un día regalaron un caballo.
Y no un caballo cualquiera… un pura sangre.
Como era de esperar, todo el pueblo opinó:
“¡que afortunado! ¡un pura sangre! la vida le sonríe”
YA SE VERÁ... dijo el sabio.
Un día su caballo escapó porque en un despiste, la puerta quedó abierta.
Como era de esperar, todo el pueblo opinó:
“ha perdido su caballo ¡que mala suerte!”
YA SE VERÁ… dijo el sabio.
Al día siguiente su caballo volvió. Y no lo volvió solo… vino acompañado de una yegua.
“¡la vida le compensa! ¡que buena suerte!”
YA SE VERÁ…
Tan buenos eran sus caballos, que su hijo aprendió a llevarlos, y, un día, en pleno paseo, se cayó y se partió la pierna
“¡pobre chico! ¡que mala suerte!”
YA SE VERÁ…
Al poco tiempo, el ejército llegó al pueblo para reclutar a todos los jóvenes para la guerra, y su hijo, al estar lisiado, se libró de ir, y tiempo después se curo.
La metáfora del Ya Se Verá, es una forma de enfocar nuestros pensamientos únicamente en las cosas que podemos abarcar, en lugar de andar preocupados por todo lo que imaginamos que podría suceder.
Es un antídoto para el “¿y si…?”
Es una crítica constructiva hacia la actitud sobre protectora y el juicio sin fundamento, que, aunque a veces viene con buenas intenciones, a todos nos ha hecho sentir limitados alguna vez; cuando nos dicen, o nos decimos, que algo va a ir fatal o que va a ser una maravilla, tratando de predecir un futuro que por naturaleza es incierto.
Si algo está claro es que
exista o no exista la suerte,
todo puede suceder.
